Me encontraba en mi cuarto, recostada en mi cama, afuera llovía. Un gran diluvio se extendía por todo el vecindario, era de noche, tenia la luz del cuarto apagada y las cortinas corridas. Los relámpagos que cada ves eran mas seguidos, iluminaban mi cuarto creando sombras y formas extrañas. Uno de ellos ilumino por competo la habitación, y cerca de mi apareció mi primera victima, en ese pequeño segundo que duro la extraña luz pude reconocerla, todavía llevaba el semblante con esa mueca de dolor que producía el detenimiento de su corazón y la pronta muerte. Al oscurecer, me quede mirando con ojos aburridos e indiferentes la nada, donde aquel espectro había aparecido. Pero pronto otro relámpago que por un breve lapso de tiempo alumbro la habitación, allí, donde aquel fantasma se había aparecido, apareció mi padre, con la tristeza y melancolía en el rostro y marcado en los ojos, el remordimiento.
- ¡Papá! – exclame en un grito ahogado, mientras saltaba de la cama, y me abalanzaba hacia aquella ilusión, hacia aquella sombra que parecía mi padre.
Pero pronto todo volvió a ser oscuro, y al volver a iluminarse mi cuarto, estaba sola.
No sabia si aquello que había visto era real, o si solo había sido producto de mi imaginación, una creación vaga de mi subconsciente.
Confundida, me senté sobre mi cama y me acurruque abrazando mis rodillas, no quería pensar, solo quería… en realidad, no lo sabia, no sabia que era lo que quería, en mi mente solo perduraba la imagen de mi padre con esa tristeza y ese suplicio de perdón en los ojos. Permanecí en esa posición quien sabe cuanto tiempo, no lograba despejar la mente, tampoco podía dormir, enfurruñada me levante de la cama y salí del cuarto.
Me dirigí hacia la cocina de mi modesta casa, todo estaba oscuro, mi madre de seguro se encontraría durmiendo, tome un vaso, me serví agua y me dirigí hacia el living mientras bebía un poco de esta, me senté en uno de los sillones viejos y desgastados y ahí me quede, callada, bebiendo agua entre medio de la oscuridad, meditando que podría hacer para distraerme. Alrededor solo se escuchaba los estruendos de relámpagos, la lluvia que caía sobre la acera y el tic..tac del reloj del living que apenas si era audible.
Era martes, al siguiente día el colegio me esperaba, debería estar lucida y faltaba poco para que la noche diera lugar al día y yo seguí despierta con ojos ausentes mirando la absoluta nada, había logrado lo que quería, mi mente se despejo, no pensaba nada, era como si estuviera mirando un paredón blanco. Nada cruzaba por mi mente.
De repente, abrí los ojos, una alarma, la de mi reloj sonaba desde mi habitación, ya era de día y me encontraba tirada sobre el sofá, en algún momento de la noche me quede dormida, me levante apurada a acallar aquel ruido para que mi madre pudiera seguir durmiendo, pero cuando pise el suelo sentí un fuerte crujido y algo raro en los pies, sabia lo que era, pero lo ignore y corrí a apagar el ruido procedente de mi pieza. Cuando la molesta alarma se callo, me dirigí lentamente al baño, en el camino se me escapo un bostezo, cuando entre, abrí el grifo de la ducha y espere a que el agua de esta se entibiara, me saque la remera exageradamente grande para mi pequeño cuerpo y me metí bajo el agua, cuando mire hacia mis pies vi que el agua se mezclaba y tomaba un color rojizo, que poco a poco se fue limpiando. Salí de la ducha y me envolví en una toalla, mi cabello oscuro goteaba a mis espaldas. Me dirigí a mi pieza, me termine de secar y me vestí apresuradamente con lo primero que encontré, un jean claro, una remara blanca y un buzo gris, me quede en pantuflas ya que mis zapatillas se encontraban en la entrada de mi casa. Luego me dirigí al baño haciendo tiempo a que mi pelo mojado se secara, en busca de un trapeador, de un trapo de piso, lavandina y una escoba, y lleve estos al living. Al pie del sillón de donde me había quedado dormida barrí los fragmentos de vidrio ensangrentados que se encontraban en el suelo, aquello era lo que quedaba de mi vaso de agua que había tomado a la noche luego de que mis pies lo pisaran y destrozaran al levantarme a apagar la alarma de mi reloj. Luego, fregué el suelo del living con lavandina y seguí el rastro de mis pisadas de sangre que conducían a mi habitación y luego al baño, después de que todo estuviera limpio y libre de mi sangre, me fui a living y me senté en un sillón, levante mi pierna para observar la planta de mi pie derecho y en el se veían pequeñas marcas, cicatrices. Las heridas que me había echo hace poco menos de 1 hora y media ya habían cicatrizado y no eran mas que meras cascaritas y marcas rojizas. Mire mi otro pie y estaba en las mismas condiciones que el derecho, di un suspiro de fastidio y me incorpore del sillón dirigiéndome a la cocina.
Así pues, otro de mis supuestos dones, era la cicatrización rápida o regeneramiento.
Era temprano y tenia hambre así que me hice unas tostadas con manteca y tome un vaso de leche tibia. Mire el reloj, si salía en este momento llegaría temprano al colegio, no tenia otra cosa que hacer así que ate mi cabello en un rodete deforme y delinee mis ojos de manera simple y rápida. Me asome a la ventana para fijarme la temperatura, estaba fresco pero no lo suficiente para que sienta frió, pero preferí llevar un saco por las dudas, entre en puntas de pie al cuarto de mi madre, esta dormía de costado con el rostro inescrutable. Suspire de alivio por el verde color que veía a su alrededor.
- Buen día mama – le besé en la mejilla.
Esta sonrió pero estaba casi segura que seguía durmiendo, salí del cuarto en silencio.
Tome mi mochila y mi campera y salí caminando en dirección al colegio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario