jueves, 30 de septiembre de 2010

Capitulo 4: Conocidos y futuros por conocer.

El grupo con el que me juntaba, era un rejunte de solo 8 chicos, incluyéndome. No había trabado realmente gran amistad con ninguno, a ninguno echaría de menos.

El colegio, era uno de esos institutos barriales y el porcentaje de estudiantes era escaso, casi todos se conocían con todos.

- ¡Hey! Angie, ¿Cómo has estado? – exclamo Ted, era uno de los integrantes de mi grupo que había echo una excursión con su familia durante el fin de semana y había vuelto ayer.

- Bien, ¿que tal lo has pasado tu? – ¿Mi falta de interés habrá sido tan obvia como me pareció?

- ¡La he pasado genial!, no saben las anegadotas que tengo que contarles.

No se que habrá dicho luego de esa oración, no me interesaba en lo mas absoluto y tampoco fingí escuchar, solo me quede parada, mirando la nada, y hundiéndome en mis pensamientos. Mire mi reloj, faltaban 15 minutos para la primer clase. Estupendo, dos horas de matemáticas. El infierno de cualquier adolescente. Sonreí ante mis pensamientos. El infierno. Eso solo me depararía la vida, o la muerte me mejor dicho. No podía entender como de manera no planeada pude edificar una frase en la que el Infierno, mi futuro, y las palabras “cualquier adolescente” estuvieran juntas. Ya que la segunda parte no coincidan para nada en mi descripción. Yo, precisamente, no era “cualquier adolescente”.

- Angie, ¿Te sientas conmigo el matemática? – Me pregunto Helen, ella era una de las que mejor se llevaban conmigo, además de Bel, estas eran las que normalmente me acompañaban en los pocos momento en los que no me hallaba sola, aunque ellas al igual que los demás no encajaban en el rubro de “amigos”.

- Esta bien – le dije, y le dedique una pequeña sonrisa, me sentí idiota haciendo eso.

Permanecí un rato mas con ellos, pero pronto tocaría el timbre, por lo que me separe del grupo y me dirigí sola al salón, mientras cruzaba el patio me inunde en una nube de color verde. Todo estaba normal.

Cuando me encontraba a pocos pasos del salón, un chico raro, perteneciente a uno de esos grupos góticos cruzo corriendo por delante mió, y de su mochila callo una foto. No creí estar en la obligación de levantarla y devolvérsela, no me interesaba por lo que lo ignore, pero al pasar por delante de la foto, me llamo la atención la imagen que esta reflejaba, se trataba sobre un especie de estampilla o retrato del Diablo, emperador y guardián del Infierno. La levante y la mire de cerca, mientras caminaba el corto tramo que me separaba del salón de clases. Me causo gracia encontrarme con esa imagen, luego de a ver estado pensado en eso anteriormente.

- Nos veremos en algún momento Estupido.- le dije en vos inaudible a la imagen del Diablo.

Luego hice un bollo con la foto y la arroje en el tacho de basura que se encontraba en la puerta del salón con una pequeña y egocéntrica risa.

lunes, 19 de julio de 2010

Capitulo 3: El Idiota

El instituto en el que cursaba la secundaria quedaba a 35 cuadras de mi casa, las cuales siempre recorría a pie, me hubiera gustado como a todo adolescente tener mi propio coche para recorrer este largo tramo, pero lamentablemente no poseía el dinero suficiente para gastarlo en un coche, y el poco que juntaba con mi trabajo de medio tiempo era destinado a mi madre o a un rejunte de ahorros que guardaba por si en algún momento llegaran malas épocas.

De ves encunado me dirigía al colegio en bicicleta, pero el diluvio del día anterior había echo que la calzada se encontrara resbalosa y poco segura para un viaje pedaleando. De todos modos poseía buenos reflejos y la mojada acera no hubiera supuesto un problema para mi, pero aun así preferí caminar. Para distraerme iba escuchando música en mi Mp3 uno de los pocos lujos que tenia.

Mi vecindario estaba repleto de casas, algunas elegantes, otras humildes, precarias y pertenecientes a gente de clase media y clase baja.

Cruce caminando por la vereda de la casa de mis vecinos, su hijo iba en mi misma clase, mi madre, de pequeña, me había pedido que me hiciera amiga de el, ya que sus padres le habían comentado de la soledad de este y temían que de grande no fuera un adolescente común, y su vida social no existiera. Temían que no fuera normal, JAJA, como si yo misma fuera normal. A pesar de lo pedidos de mi madre, no me intereso su amistad y entre nosotros lo único que hubo, fueron peleas o discusiones. En fin, al parecer el miedo de los padres se fue el día en que su hijo se convirtió en el idiota popular del instituto, otro estupido que sobra en el mundo.

Eche una mirada de rencor a la casa, y adelante el paso rápidamente cuando una de las masetas perteneciente a esta se quebró haciendo un gran ruido. ¡Mierda! exclame en mi fuero interno. ¿Es que no podía tener un solo día normal?, ¿Siempre mis capacidades ivan a meterse en el medio de lo que tenia que pasar?. Hoy por ejemplo, en ese mismo momento debería estar en una guardia de un hospital, sentada sobre una silla de ruedas y con los pies ensangrentados y con varios fragmentos de vidrio incrustados, y no caminando 35 cuadras para dirigirme al colegio. Tampoco debería estar caminando 2 veces mas rápido que mi paso normal por mirar con odio la casa del Idiota, ya que mi mirada había echo, de alguna forma, un gran quiebre sobre la gran maseta, y el ruido fue tal, que cualquiera hubiera pensado que me dirigí con un martillo a romperla.

Escuche que la puerta de mis vecinos se abría. Genial.

- ¡Estupida! – escuche como me insultaba a mis espaldas la vos de el, del Idiota.

Me gire con una ceja alzada y me adelante 2 pasos hacia su dirección.

- ¿Perdón?, ¿me hablaste? – le dije en tono sarcástico. Nos separaban solo dos metros, y tranquilamente podría encajarle una buena tunda en la cara. Mi genio era mucho.

- Si pendeja, ¿Se puede saber con que necesidad rompes mis cosas?

- ¿Romper?, Idiota, no rompí nada, déjate de hablar tonterías y si tenes ganas de molestar búscate otra ¿Dale?

- Si, si, claro, y ¿Se puede saber quien hizo eso en mi maseta?

- ¿Por qué tendría que saberlo yo?, fíjate, no gano nada rompiendo cosas por la vida.

No me contesto y me quedo mirando como un nene de cuatro años enojado.

- Ok, ¿sabes que?, esta bien, si queres pensar que fui yo, hace lo que quieras, llego tarde al colegio, me voy.

Sin agregar nada, me gire y continué mi camino, coloque nuevamente los auriculares en mi oreja y aguante el enojo que tenia. La mano me picaba, estaba esperando poder encajarle un buen golpe. Suspire.

Atrás mió, el me seguía, al igual que yo se dirigía al instituto, no sabia que hacer, no me quería cambiar de vereda y tampoco quería adelantar el paso. Lo ignore. La bronca poco a poco se suavizo y de a poco me olvide de su existencia.

Llegue al colegio y me fui a reunir con los pocos amigos que tenia, si es que se les puede llamar amigos, conocidos coincidiría mejor con su descripción.

domingo, 18 de julio de 2010

Capitulo 2: Regeneramiento

Me encontraba en mi cuarto, recostada en mi cama, afuera llovía. Un gran diluvio se extendía por todo el vecindario, era de noche, tenia la luz del cuarto apagada y las cortinas corridas. Los relámpagos que cada ves eran mas seguidos, iluminaban mi cuarto creando sombras y formas extrañas. Uno de ellos ilumino por competo la habitación, y cerca de mi apareció mi primera victima, en ese pequeño segundo que duro la extraña luz pude reconocerla, todavía llevaba el semblante con esa mueca de dolor que producía el detenimiento de su corazón y la pronta muerte. Al oscurecer, me quede mirando con ojos aburridos e indiferentes la nada, donde aquel espectro había aparecido. Pero pronto otro relámpago que por un breve lapso de tiempo alumbro la habitación, allí, donde aquel fantasma se había aparecido, apareció mi padre, con la tristeza y melancolía en el rostro y marcado en los ojos, el remordimiento.

- ¡Papá! – exclame en un grito ahogado, mientras saltaba de la cama, y me abalanzaba hacia aquella ilusión, hacia aquella sombra que parecía mi padre.

Pero pronto todo volvió a ser oscuro, y al volver a iluminarse mi cuarto, estaba sola.

No sabia si aquello que había visto era real, o si solo había sido producto de mi imaginación, una creación vaga de mi subconsciente.

Confundida, me senté sobre mi cama y me acurruque abrazando mis rodillas, no quería pensar, solo quería… en realidad, no lo sabia, no sabia que era lo que quería, en mi mente solo perduraba la imagen de mi padre con esa tristeza y ese suplicio de perdón en los ojos. Permanecí en esa posición quien sabe cuanto tiempo, no lograba despejar la mente, tampoco podía dormir, enfurruñada me levante de la cama y salí del cuarto.

Me dirigí hacia la cocina de mi modesta casa, todo estaba oscuro, mi madre de seguro se encontraría durmiendo, tome un vaso, me serví agua y me dirigí hacia el living mientras bebía un poco de esta, me senté en uno de los sillones viejos y desgastados y ahí me quede, callada, bebiendo agua entre medio de la oscuridad, meditando que podría hacer para distraerme. Alrededor solo se escuchaba los estruendos de relámpagos, la lluvia que caía sobre la acera y el tic..tac del reloj del living que apenas si era audible.

Era martes, al siguiente día el colegio me esperaba, debería estar lucida y faltaba poco para que la noche diera lugar al día y yo seguí despierta con ojos ausentes mirando la absoluta nada, había logrado lo que quería, mi mente se despejo, no pensaba nada, era como si estuviera mirando un paredón blanco. Nada cruzaba por mi mente.

De repente, abrí los ojos, una alarma, la de mi reloj sonaba desde mi habitación, ya era de día y me encontraba tirada sobre el sofá, en algún momento de la noche me quede dormida, me levante apurada a acallar aquel ruido para que mi madre pudiera seguir durmiendo, pero cuando pise el suelo sentí un fuerte crujido y algo raro en los pies, sabia lo que era, pero lo ignore y corrí a apagar el ruido procedente de mi pieza. Cuando la molesta alarma se callo, me dirigí lentamente al baño, en el camino se me escapo un bostezo, cuando entre, abrí el grifo de la ducha y espere a que el agua de esta se entibiara, me saque la remera exageradamente grande para mi pequeño cuerpo y me metí bajo el agua, cuando mire hacia mis pies vi que el agua se mezclaba y tomaba un color rojizo, que poco a poco se fue limpiando. Salí de la ducha y me envolví en una toalla, mi cabello oscuro goteaba a mis espaldas. Me dirigí a mi pieza, me termine de secar y me vestí apresuradamente con lo primero que encontré, un jean claro, una remara blanca y un buzo gris, me quede en pantuflas ya que mis zapatillas se encontraban en la entrada de mi casa. Luego me dirigí al baño haciendo tiempo a que mi pelo mojado se secara, en busca de un trapeador, de un trapo de piso, lavandina y una escoba, y lleve estos al living. Al pie del sillón de donde me había quedado dormida barrí los fragmentos de vidrio ensangrentados que se encontraban en el suelo, aquello era lo que quedaba de mi vaso de agua que había tomado a la noche luego de que mis pies lo pisaran y destrozaran al levantarme a apagar la alarma de mi reloj. Luego, fregué el suelo del living con lavandina y seguí el rastro de mis pisadas de sangre que conducían a mi habitación y luego al baño, después de que todo estuviera limpio y libre de mi sangre, me fui a living y me senté en un sillón, levante mi pierna para observar la planta de mi pie derecho y en el se veían pequeñas marcas, cicatrices. Las heridas que me había echo hace poco menos de 1 hora y media ya habían cicatrizado y no eran mas que meras cascaritas y marcas rojizas. Mire mi otro pie y estaba en las mismas condiciones que el derecho, di un suspiro de fastidio y me incorpore del sillón dirigiéndome a la cocina.

Así pues, otro de mis supuestos dones, era la cicatrización rápida o regeneramiento.

Era temprano y tenia hambre así que me hice unas tostadas con manteca y tome un vaso de leche tibia. Mire el reloj, si salía en este momento llegaría temprano al colegio, no tenia otra cosa que hacer así que ate mi cabello en un rodete deforme y delinee mis ojos de manera simple y rápida. Me asome a la ventana para fijarme la temperatura, estaba fresco pero no lo suficiente para que sienta frió, pero preferí llevar un saco por las dudas, entre en puntas de pie al cuarto de mi madre, esta dormía de costado con el rostro inescrutable. Suspire de alivio por el verde color que veía a su alrededor.

- Buen día mama – le besé en la mejilla.

Esta sonrió pero estaba casi segura que seguía durmiendo, salí del cuarto en silencio.

Tome mi mochila y mi campera y salí caminando en dirección al colegio.

Capitulo 1: Ángel...?

Mi nombre: Ángela. Apodo: Angie. Edad: 17 años.

Soy hija única de Gloria, mi madre. De mi padre tengo pocos recuerdos, falleció llevándose con el muchos secretos y verdades que no me hubieran puesto en esta situación de haberlos sabido.

A pesar de mi nombre, derivado de la palabra Ángel, tengo la entrada prohibida al cielo. La causa: Asesinatos. Remordimiento: Ninguno.

No soy la clase de asesina que se estila en el siglo XXI. De hecho, no soy la clase de asesina que se estila en ninguna época ni lugar. A diferencias de muchos pecadores que dan muerte a personas con sus propias manos, yo no las uso.

Al nacer fui bendecida con ciertas capacidades. O maldecida, mejor dicho.

Unos de mis llamados “dones”: dar muerte.

¿Como?, se podría decir que debilitando el corazón de una persona, haciendo que este se detenga poco a poco, escuchando ese hermoso sonido que va avisando la despedida de un alma.

Mi nombre: Ángela. Apodo: Angie. Edad: 17 años. Ocupación: Asesina.

Maldecida por “dones”.

Prologo:

Cuando todo lo que te rodea es normal, pasivo y sin problemas, y tu te encuentras con llamas en la garganta, explotando por dentro. Solo el sonido del latir que se va deteniendo poco a poco, creando como una música de fondo, llenando tu alma con esa melodía lenta, pausada, ese palpitar excesivamente lento que poco a poco, se va deteniendo hasta convertirse en silencio puede calmarte…